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EDITORIAL

LA LEALTAD y LA REVOLUCIÓN

Editorial de la Revista Opciones. Año V. Número 27. Julio 2004
Luis Fuenmayor Toro

La palabra lealtad significa en nuestro idioma fidelidad, franqueza, honradez, nobleza, rectitud y sinceridad. También significa autenticidad y verdad. Debo destacar los conceptos de fidelidad y franqueza o fidelidad y sinceridad pues en esos binomios radica la práctica de la lealtad. Luego solo es leal quien es franco, quien no se guarda para sí ideas, informaciones u opiniones, quizás desagradables de oír, pero importantes o verdaderas, como para ser conocidas y tomas en consideración. La lealtad no radica sólo en ser fiel, en no molestar al amigo, al camarada, al progenitor o al líder de un determinado movimiento, con informaciones sobre distorsiones o perversiones de situaciones en el curso de un determinado proceso.

El hombre leal es fiel, noble, sincero, franco, recto, veraz, llano, digno, incorruptible, firme, abierto y constante. Aquí, como antes, destacan los conceptos que tienen que ver con la verdad y la imperiosa necesidad de comunicarla. Quien es leal no esconde lo que sabe ni lo que piensa, sino que lo comunica de inmediato a la instancia adecuada o al colectivo afectado. No se es leal sino se es sincero. Quien no es franco no practica la lealtad, sin importar lo que diga, lo que prometa, los compromisos que supuestamente adquiera. Quien al amigo, al jefe o al líder sólo dice lo que éste quiere oír, es un oportunista desleal, de marca mayor, muy peligroso para la salud personal y política de ese líder y del proceso que éste conduce.

La lealtad de dirigentes y copartidarios de una revolución, entre ellos y para con sus lideres, es vital para la permanencia y desarrollo positivo de todo proceso de cambio social. Pero la lealtad no puede ser confundida con sumisión o adoración del líder. Lealtad tampoco significa adulación. El hombre leal es incorruptible, no defiende posiciones ni ocupa cargo por intereses personales, su compromiso es con el proceso mismo, con el proceso desasistido y su liberación, con el liderazgo honesto, fiel y realmente comprometido. Es franco y llano en sus apreciaciones, dice lo que ésta convencido debe decir sin importarle si es incomprendido o si es tomado con un osado irrespetuoso.

No cede al chantaje de parecer "un enemigo de la revolución" o que la "contrarrevolución" hará uso de sus posiciones en su beneficio propio. Sabe muy bien por su práctica de años, está ideológicamente convencido, que lo peor que le puede ocurrir a una revolución es silenciar y ocultar las desviaciones y distorsiones que ocurren al interior de la misma. Callar, dar la espalda, voltear la cara, cerrar los ojos, mientras la canalla distorsiona y pervierte las acciones y conquistas de la revolución, precisamente aquéllas que constituyen la esencia de lo nuevo, de lo diferente, de lo trascendente, ésas si son conductas y actitudes contrarias al interés revolucionario, que desde muy temprano conspiran contra el proceso y de acuerdo a sus magnitudes e importancias podrían hacerlo fracasar estrepitosamente. Ésas son las conductas a ser vigiladas; no las claras y transparentes de los leales. El desleal se mueve en sigilo del ladrón, del delincuente, de quien prepara un engaño, una calumnia, porque ésos son su valores y sus principios. El trepador es desleal, pues interesado como está en trepar hasta lo mas alto del poder, abandona los principios y la gente, amigos y familiares incluidos, comportándose como el meloso adulador que sabe decir que si a todo aquello que su instinto le indica no debe rebatir. Y si además es ignorante su deslealtad no tiene límites, pues la audacia que lo caracteriza que lo acompaña en todos los actos de su vida no da cabida ni a un ápice de honradez, nobleza y rectitud. El desleal conspira siempre, se la pasa haciendo comentarios y chismes sin ningún respaldo y los susurra a cada rato al oído del jefe o lider, de manera que parece a veces descuidada. No hace su trabajo, pero se mete en el trabajo de los demás, para hacerlos aparecer ineficientes o negligentes. Es especialista en la construcción emboscadas y en la destrucción de la reputación de la gente que le estorba.

La revolución que ve en la critica honesta y constructiva un peligro contrarrevolucionario comienza a perder algunas de sus características fundamentales, entre ellas las transparencia que debe caracterizar a todos estos procesos. Quienes levantan su dedo acusador son precisamente los peores enemigos del proceso, quienes suplantan el conocimiento y la lealtad por la osadía y la adulación. La revolución que desconoce el trabajo, la dedicación, la capacidad, honestidad, la consecuencia, mantenidos incólumes a lo largo de toda una vida de luchas, esta dejando de ser revolución.