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Continuidad y Cambio - Año 1 - EdiciónWeb Nº 01 - Julio 2007 - argenisvalderrama@gmail.com
Hasta ahora, el socialismo del siglo XXI no ha mejorado el problema del tránsito caraqueño, ni mucho menos la conducta de quienes lo fiscalizan ni de los conductores involucrados, todos parcialmente responsables de la existencia del problema. Le recuerdo a los lectores que la circulación de vehículos en Caracas involucra el transporte de pasajeros, entre ellos los trabajadores oficiales y privados; el de todo el comercio de la ciudad, incluidos los alimentos y otros productos de primera necesidad; el escolar, que garantiza el acceso de los estudiantes a las instituciones educativas; el de los vehículos de los servicios: Aseo urbano y domiciliario, electricidad, comunicaciones, agua y emergencias, y el de la seguridad de la población y la del Estado. Señalo esto para que se entienda la importancia del tema y no se piense que es un simple antojo pequeño burgués, de alguien que quiere disfrutar de conducir por unas calles y avenidas no embotelladas, lo cual, de paso, también es importante, pues no se quiere que la ciudad enferme, sino que sea placentero vivir en ella.
Quizás es un problema muy difícil de resolver sin efectuar grandes inversiones que, hasta ahora, no han sido consideradas prioritarias, cosa que no discutiría, pues no es la razón de este escrito. El problema en cuestión lo tomo como muestra de lo difícil que es construir todo un nuevo sistema de relaciones sociales, para cuya vigencia se requiere de ciudadanos formados y educados en los nuevos valores, mientras se mantienen indemnes las costumbres y los viejos hábitos, contrarios al nuevo modelo productivo y de relaciones humanas del socialismo del siglo XXI y no se asume la educación formal e informal en esta indispensable tarea de inculcar valores distintos de los existentes. Pero es que tampoco se toman medidas en el ámbito de la interacción ciudadana, con miras a contribuir en esa formación, ya no del hombre nuevo que requerirá posiblemente muchísimas décadas de prácticas sanas para su existencia y su consolidación, sino simplemente de un buen ciudadano con conciencia de la importancia de tener un adecuado comportamiento diario. Pero para ello es necesario que nuestros gobernantes, en todos los ámbitos de la nación, tengan previamente conciencia de la necesidad de asumir el reto que significa formar ciudadanos y no contentarse con mantener a la gente como simples habitantes, ocupantes indisciplinados que anteponen sus intereses y deseos individuales muy por encima del interés colectivo. Mientras los alcaldes, diputados, gobernadores y ministros, así como los funcionarios públicos que están a sus servicios, no asuman una conducta diferente en su forma de gobernar y de mirar la ciudad; mientras se siga diciendo con orgullo: “Así manejamos los venezolanos”, exaltando los antivalores que debemos combatir; mientras los agentes policiales y los fiscales de tránsito sigan comportándose como “matraqueros” y su conducta sea la de “pelear” con los ciudadanos; mientras los motorizados “bolivarianos” sigan actuando como delincuentes y sólo sean respetuosos de las leyes en el Municipio Chacao, estaremos muy lejos de siquiera iniciar la construcción del socialismo del siglo XXI. Y quisiera dejar claro que en absoluto estoy efectuando una crítica dirigida a un alcalde en particular o a un gobernador cualquiera, por razones distintas de las que estoy expresando. El problema anterior es sólo una demostración de que “el socialismo no está a la vuelta de la esquina”, para repetir algo que dijo Paz Galárraga hace tiempo, precisamente al enfrentar a alguien que se presentaba como socialista y que la historia posterior demostró lo lejos que estaba de lo que vehementemente defendía en aquellos momentos. Es una demostración también del inmenso trabajo educativo que se debe emprender en la construcción de ese nuevo ciudadano, el cual no debe dejarse para luego sino que era obligatorio haberlo comenzado hace 9 años, como es obligatoria también la educación y la formación de quienes han sido escogidos como “representantes” del pueblo, quienes actúan como si fueran amos de ese mismo pueblo; son sól sus representantes, ya que estamos muy lejos todavía de la democracia participativa con la que muchos se llenan la boca. Hay que internalizar algunas cosas que se dicen, para que las mismas no sean simples palabras “de la boca para afuera” como dice la gente. Nuestro capitalismo subdesarrollado dejó muchas reivindicaciones burguesas sin ejecutar, como es el caso de la reforma agraria o de la estatización de los servicios básicos, las cuales deben ser asumidas por el gobierno revolucionario, a pesar de no ser medidas socialistas. También dejó sin realizar la necesaria construcción de la ciudadanía venezolana. Esa labor es indispensable realizarla pues no se puede construir el socialismo, ni del siglo XXI ni ningún otro, con habitantes cuyos valores son los del capitalismo subdesarrollado. La Razón, pp A-2, 1-7-2007, Caracas |
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